Capítulo 33: el laberíntico de la memoria.
Sharon Foster.
El reloj marcaba las 9:30 de la noche y yo seguía aquí, en mi nueva oficina, sumergida en la oscuridad que solo era interrumpida por la luz que brillaba en la pantalla de la computadora reflejándose en mi rostro.
Hace mucho que Adrián había abandonado la compañía, alegando que tenía asuntos que tratar fuera de esta prisión de lujo que no hacía más que condenarme a perderme a mí misma.
Por primera vez en mucho tiempo no sabía qué hacer ni a donde ir. La mansión Di´Marco aún no se