Sharon Foster.
El ambiente en el auto se había vuelto extraño e incómodo. El silencio había reinado por largos minutos, el rostro de Asdrúbal había perdido todo rastro de color, sus manos se aferraban con tanta fuerza al volante que sus nudillos se tornaron blancos. Estaba aterrado.
— ¿Qué sabe señorita Sharon? — lo escuché tragar grueso mientras su mirada no se apartaba de mi a través del espejo retrovisor, expectante de lo que iba a decir.
— Por alguna razón Adrián necesita una fachada, para