Adrián Di´Marco.
«¿Qué carajos acababa de pasar?»
Estaba confundido, la mejilla me ardía por el tremendo bofetón que Sharon me había dado, no dudaba que debía tener sus dedos marcados en la cara como una marca maldita.
¡Tremenda fuerza que tenía esa mujer!
Menos mal no decidió partirme la nariz de un puñetazo, porque me hubiese dejado fuera de combate en segundos. Su bofetada me había tomado totalmente desprevenido y debo admitir que para ser una mujercita de tan solo 1 metro 65 de estatura te