Adrián Di'Marco.
Salí del despacho operativo con una sensación amarga pegada a la lengua, como si hubiera estado masticando plomo. La conversación con Lucius había sido necesaria, sí, pero eso no la hacía más fácil. Dos días. En dos días estaríamos en México, y Sharon no debía saber nada.
La desconfianza se instaló en mi pecho, esa sensación incómoda que comienza a crecer cuando sabes que vas a enfrentarte al peligro y que, por mucho que te prepares, hay variables que no puedes controlar. Ahmed