Lía clavó la mirada sobre su padre, Lars retrocedió un poco, conocía bien esa mirada y sabía que su hija no reaccionaría bien.
—Hija, piénsalo, ya eres una Skarsson, y no puedes seguir reparando motocicletas, no es digno de alguien de tu clase.
—¿Estás hablando en serio? Sabes bien cuánto trabajé para poder tenerlo, te negaste a ayudarme y ahora vienes a querer que te lo ceda, ustedes no tienen derecho a meterse.
—¡Eres una envidiosa! Por nosotros tienes todo esto —exclamó Vera.
Lía se acercó a