La yema de los dedos de Jano seguía el contorno de las alas tatuadas, como si estuviera leyendo un idioma grabado en la piel de Sky, además de descubrir que su espalda era suave, cálida; y cada trazo que hacía provocaba que la temperatura de ambos subiera, y aunque Sky no había mentido cuando dijo que el tatuaje no dolía, lo que sentía ahora era otra cosa, algo que se parecía más a un bálsamo tibio deslizándose por su piel… y encendiendo cosas que nunca antes había querido mirar de frente.
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