637. Entonces danos lo que sí tienes.
No hablo enseguida.
Porque si lo hago, lo vuelvo definitivo.
Y todavía no sé cuánto de lo que vi es completo… o cuánto es apenas la superficie de algo más grande.
Kael no me presiona.
Pero está tenso.
Lo noto en cómo sostiene el aire, en cómo mide cada uno de mis movimientos como si esperara que cambie de dirección en cualquier momento.
Riven no tiene esa paciencia.
—Névara —dice—. Necesitamos claridad.
Lo miro.
—No la tengo.
Silencio.
—Entonces danos lo que sí tienes.
Exhalo lento.
Eso sí pued