589. Dime que me eliges.
El fuego empieza en mi pecho, en esa mezcla peligrosa de orgullo y deseo que me deja sin aire cuando recuerdo las manos de Kael marcando mi piel y la mirada de Adrien recorriéndome como si ya me hubiera desnudado con el pensamiento; arde ahí, en el centro, y baja lento, consciente, hasta instalarse en mi vientre con una intensidad que no me permite dormir.
Estoy cansada de fingir que controlo esto.
Salgo a buscarlo.
No sé si a Kael o a Adrien.
Tal vez a ambos.
El claro está vacío, pero el víncu