586. Ya no es solo deseo.
La tensión ya no se oculta en susurros; ahora circula abierta entre los miembros de la manada, se siente en la rigidez de los cuerpos durante los entrenamientos y en la forma en que los grupos se fragmentan al caer la noche, como si cada decisión mía hubiera activado líneas invisibles que antes permanecían dormidas.
Lo comprendo cuando Kael me intercepta en el claro principal, su expresión más severa de lo habitual.
—Algunos creen que Aiden cedió demasiado —dice sin rodeos—. Otros piensan que t