587. El emisario me observa con frialdad.
El amanecer llega con una quietud tensa, como si incluso el bosque supiera que algo va a quebrarse, y mientras camino hacia el claro central siento el peso de cada mirada anticipando conflicto, esperando que alguien ceda, que alguien imponga, que alguien sangre si es necesario.
No voy a retroceder.
El Consejo no envía una delegación numerosa, solo a un representante de rango alto, suficiente para que su presencia sea interpretada como advertencia y no como diálogo, y cuando lo veo de pie junto