584. No me arrepiento.
La noche todavía vibra en mi piel cuando regreso a mi tienda, y aunque intento dormir sé que es inútil, porque el recuerdo de sus manos, de su boca, de la forma en que pronunció mi nombre con esa gravedad que me atraviesa, sigue ardiendo en cada rincón de mi cuerpo como una marca reciente que no quiero borrar.
No me arrepiento.
Eso es lo que más me inquieta.
Escucho pasos fuera, firmes, decididos, y mi pulso se acelera antes incluso de reconocer el ritmo, porque hay presencias que se identifica