580. Lo elegiste a él muchas veces antes.
Me despierto con una certeza incómoda: estoy jugando a dos fuegos y tarde o temprano uno va a incendiarlo todo. No es culpa del deseo únicamente, tampoco del miedo; es esta necesidad absurda de sentirme viva, de comprobar que aún puedo elegir cuando todos parecen decidir por mí.
Evito pensar en el beso con Aiden mientras me visto, aunque su recuerdo sigue adherido a mi piel como una marca reciente. Con él todo es intensidad conocida, una ruta que ya he recorrido mil veces y que aun así sigue es