537. Estoy aquí.
Siento la ciudad incluso cuando cierro los ojos.
Late debajo del concreto, en los cables, en la respiración de millones de desconocidos. Pero ahora no es un murmullo distante. Es una caricia eléctrica que se desliza bajo mi piel y se acomoda en mi vientre.
Estoy de pie en el centro del refugio. Ellos me rodean sin tocarme todavía. La distancia es mínima, pero suficiente para que el deseo crezca en ese espacio suspendido.
Yo decido cuándo empieza.
Inhalo despacio. El pulso interno responde con u