339. Lo que arde cuando me nombran.
La batalla ha adquirido ese ritmo extraño y casi hipnótico que sólo aparece cuando la muerte pasa tan cerca que roza la piel como una caricia fría, cuando el caos se mezcla con el deseo de seguir respirando y algo en el fondo del pecho late con una voracidad nueva, porque desde que Aeshkar renació en fuego y sombra mi respiración ya no me pertenece del todo y cada movimiento suyo —su brazo extendiéndose, su cuerpo convirtiéndose en un torbellino de lumbre oscura— me convoca de una forma que ni