340. El renacido antes del fin.
Los restos del cuerpo del Sellador siguen consumiéndose detrás de él, iluminando su silueta transformada, su pecho que sube y baja con una respiración que parece contener al mismo tiempo calma y devastación, y en ese contraste brutal comprendo que Aeshkar no sólo ha cambiado de forma: ha recuperado poder, memoria, intención… y un vínculo conmigo que está despertando.
Y justo cuando voy a preguntar algo —no sé qué, tal vez “¿por qué me recuerdas?”, tal vez “¿qué nombre pronunciabas cuando no podías llamarme?”— una explosión de luz distante anuncia la llegada de los Selladores restantes.
Aeshkar gira su rostro hacia el resplandor.
Yo me pongo en pie con dificultad.
La batalla no ha terminado.
Y él ya no piensa retroceder.
De un modo que no debería ser posible, su voz me alcanza incluso antes de que su cuerpo termine de tomar forma, como si el sonido fuese un puente construido entre las brasas que todavía lo envuelven y mi pecho que vibra con demasiada fuerza, y escucharlo pronunciar ese