325. Cuando el fuego aprende a respirar.
Nació conmigo.
Y ahora el mundo entero tendrá que enfrentar lo que acabamos de despertar.
La criatura renacida frente a mí continúa reconfigurando su cuerpo, y mientras contemplo ese cambio que rehace el mundo alrededor, siento cómo el aire mismo se tensa, como si la dimensión entera hubiese decidido contener su aliento para presenciar el instante en que el fuego, de todas las formas posibles, adopta una presencia distinta, más humana, más peligrosa, más íntima, y en algún punto que no me atrevo a nombrar, más mía. Veo cómo sus huesos luminosos se alargan, cómo la piel oscura se vuelve un tejido de sombras que respira brasas profundas, cómo los ojos se afinan y brillan con un dorado que recuerda una noche que nunca existió y sin embargo pesa en mi memoria como un eco irrebatible. Me acerco sin advertirlo, guiada por una atracción antigua que vibra entre mis costillas, y cuando la criatura inclina el rostro recién materializado hacia mí, descubro una expresión que mezcla deseo, furia,