183. Mi sueño.
La noche se derrama sobre nosotros como un vino oscuro que no se agota, y en ese desvelo que parece no tener fin me descubro enredada en su cuerpo, la piel pegada a la suya por el sudor, los latidos aún desbocados tras la última embestida, los gemidos convertidos en un eco que sigue vibrando en las paredes, como si el cuarto entero hubiera sido cómplice del frenesí. Estoy tendida sobre su pecho, mi cabello húmedo desparramado sobre su piel ardiente, sus dedos todavía recorriéndome con torpeza,