160. La rival encadenada.
El eco de las cadenas golpea el suelo de mármol como un latido metálico que marca el ritmo de la humillación, un sonido repetido que se desliza por las paredes del salón privado y se mezcla con el aroma espeso de los inciensos encendidos, ese humo rojo que siempre parece ocultar más de lo que revela. Yo estoy sentada en un diván cubierto de terciopelo oscuro, recostada con languidez estudiada, una pierna descubierta, la tela apenas sosteniéndose en mi hombro, porque sé que el espectáculo no es s