Capítulo 6
A Colsen le tomó un segundo comprender que Bella ya lo había arrastrado a la pista de baile. Cuando comenzó la música, él le rodeó la cintura con un brazo. Pero sus ojos no dejaban de desviarse hacia Elise.

Ella estaba junto a la mesa del bufé, comiendo pequeños bocados de pastel, con el aire de alguien a quien todo aquello le importaba un bledo. Bella se dio cuenta y frunció el ceño.

—Si tanto te preocupa, ve a buscarla. Yo bailaré con otro.

Lo soltó y se dirigió hacia un hombre vestido con un traje blanco. Era Owen, su amigo de la universidad. El chico que siempre había estado enamorado de ella.

En cuanto se acercó, él le tendió la mano con entusiasmo. Bella aceptó su mano y ambos se dirigieron a la pista de baile.

Colsen se quedó donde estaba, observándolos reír juntos. Su rostro se ensombreció. Bella pareció notarlo, entonces se pegó aún más a Owen. Se inclinó y le susurró algo al oído. Owen se rio, inclinó la cabeza y le dio un beso en la mejilla.

La copa de vino se hizo añicos en la mano de Colsen. El vino y la sangre le corrían por los dedos, pero él ni siquiera reaccionó. Cruzó la pista a grandes zancadas, agarró a Bella por la muñeca y la apartó de un tirón.

—¡Colsen! ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!—Bella forcejeó para soltarse.

Colsen no dijo nada. Con el rostro encendido de furia, prácticamente arrastró a Bella fuera del salón de baile y hasta el balcón vacío.

La acorraló contra la fría barandilla.

—Bella, ¿es que no tienes vergüenza?

Bella se quedó helada, pero enseguida estalló y se soltó de un tirón.

—¿Que no tengo vergüenza? Estoy soltera. Él también. Los dos queríamos hacerlo, ¿cuál es tu problema? ¿Quién eres tú para decirme qué hacer, Colsen? ¿Mi ex? ¿O el esposo de otra?

—¡Tú...!—Los ojos de Colsen se enrojecieron.

Algo dentro de él se quebró. Miró a la mujer a la que había amado durante años mientras los celos, la ira y unas emociones que ni siquiera sabía nombrar lo desgarraban por dentro.

Entonces la agarró y la besó con fuerza. No había nada de dulce en aquel beso, solo rabia y posesividad. Al principio, Bella se quedó paralizada. Luego, un destello de triunfo cruzó por sus ojos. En lugar de apartarse, le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso.

Las puertas de vidrio esmerilado del balcón los ocultaban de los invitados, pero Elise estaba justo en el ángulo adecuado para verlos a través de una rendija.

Lo vio todo. A Colsen besando a Bella. A Bella con los brazos alrededor de su cuello. A los dos completamente absortos el uno en el otro.

Elise no sintió nada, solo una incredulidad entumecida ante lo absurdo de toda aquella situación.

El beso continuó hasta que ambos se quedaron sin aliento. Entonces Colsen apartó bruscamente a Bella, como si acabara de volver en sí. Se quedó mirando los labios enrojecidos de ella y su expresión aturdida. El pánico se apoderó de él, después sintió asco de sí mismo.

—Lo siento. —Desvió la mirada, con voz ronca—. Yo... he bebido demasiado. Creí que eras Elise.

Era evidente que Bella no se tragaba aquella excusa. Se acercó más y le rodeó la cintura con los brazos. Su voz temblaba.

—Tú nunca has amado a Elise. ¿Cómo ibas a confundirme con ella? Deja de mentirte, Colsen. Todavía me amas. ¡No puedes dejarme ir! —Alzó la vista hacia él. —¿Podemos dejar de hacernos daño el uno al otro? Divórciate de Elise y vuelve conmigo. Te juro que no volveré a ser egoísta como antes. Te amaré. Seré una buena señora Locke. ¿De acuerdo?

«¿Divorciarse de Elise? ¿Volver con Bella?».

Las palabras golpearon a Colsen como un puñetazo.

Apartó a Bella de un empujón, como si quemara.

—¿De qué estás hablando? ¡No voy a divorciarme de Elise!

—¿Por qué? ¿Porque te ha seguido a todas partes como un perrito durante cinco años? —espetó Bella—. ¿Cuánto tiempo vas a seguir huyendo de lo que realmente sientes? ¡Si de verdad ya no me amas, si no te importo en absoluto, más me vale morir!

Se dio la vuelta y corrió hacia el borde del balcón, como si realmente fuera a saltar.

—¡Bella! ¿Estás loca? —La expresión de Colsen cambió. Se abalanzó hacia ella.

En ese instante, la enorme lámpara de araña de cristal que colgaba del techo crujió y se desplomó directamente hacia Bella.

—¡Cuidado! —Los ojos de Colsen se abrieron desmesuradamente. Sin pensarlo, se lanzó sobre Bella y rodó con ella para apartarla del peligro. La lámpara se estrelló contra el suelo y el cristal saltó por todas partes en una explosión de fragmentos. Varios trozos grandes le desgarraron la espalda a Colsen. La sangre brotó de las heridas y empapó su costoso traje.

—¡Colsen! ¡Dios mío, estás sangrando! —gritó Bella.

El estruendo hizo que todos los invitados acudieran corriendo desde el salón de baile. Se desató el caos. Alguien llamó a una ambulancia mientras otros se agolpaban para ayudar. Elise observó todo desde un extremo, completamente impasible.

Toda aquella situación le parecía absurda. No se acercó, ni preguntó si estaba bien, ni se quedó ni un segundo más.

Mientras las sirenas de la ambulancia aullaban en el exterior, se dio la vuelta en silencio y se marchó.

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