El mensaje terminó y volvió a empezar.
—Colsen, es tu cumpleaños. Te hice un pastel. Vuelve a casa y cómete un trozo. No importa lo tarde que sea, te esperaré.
Otra vez. Y otra vez.
En todos aquellos cumpleaños que él había olvidado, ella se había quedado sola junto al pastel, esperando durante toda la noche hasta el amanecer. Al final, lo único que le quedaba era el betún derretido y un bizcocho reseco y duro.
Las lágrimas seguían brotando de los ojos secos de Colsen. Miró fijamente el techo