Miguel creyó que había ganado.
Colocó un enorme anillo de diamante rosa en mi dedo y prometió solemnemente: —Sonia, te trataré bien toda la vida.
En ese momento, su teléfono sonó.
Miró la pantalla y su expresión cambió ligeramente.
Sabía que era Ximena llamando, así que le dije: —Contesta.
Miguel presionó el botón de respuesta y la voz melosa de Ximena resonó inmediatamente: —¡Miguel, ven rápido, el médico dice que estoy embarazada!
—¡Es maravilloso, vamos a tener un bebé!
El rostro de Miguel ca