CAPÍTULO 1: EL ECO DE UNA SENTENCIA
El silencio en la mansión de la familia Valerón nunca era sinónimo de paz; era, más bien, la pausa tensa antes de una ejecución. Para mí, Alessia Blackmore, esa casa de techos infinitos y suelos de mármol frío había sido mi refugio durante seis años. O eso era lo que mi estúpido y enamorado corazón me había obligado a creer.
Esa noche, el aire pesaba. Llevaba en mi mano una pequeña caja aterciopelada, un regalo que pretendía ser el preámbulo de la noticia más importante de mi vida. Mis dedos temblaban ligeramente, no de miedo, sino de una excitación nerviosa. Estaba embarazada. Un hijo de Dante Valerón crecía dentro de mí. El heredero de un imperio forjado en la sombra, el fruto de un amor que, aunque prohibido por nuestro lazo de hermanastros, se sentía como lo único real en un mundo de mentiras.
Me detuve frente a la imponente puerta de caoba del estudio de Dante. Iba a entrar, a rodear su cuello con mis brazos y susurrarle que nuestra familia fin