Resumen:—Cualquiera diría que estoy frente a una pequeña timadora profesional —la voz profunda de Alexander Sterling resonó desde el umbral de la puerta.
Se quedaron fijos el uno en el otro. La semejanza era inquietante; compartían la misma mirada gélida y analítica, dos gotas de agua separadas por treinta años de cinismo. Aunque Alexander se negara a admitir que esa criatura era su viva imagen, el parecido era innegable.
—Solo son negocios, tío —respondió la pequeña con una calma que no correspondía a su edad.
—Nos vamos en este instante. O sales por esa puerta, o te quedas bajo llave hasta que regresemos. Tú decides —intenté intervenir para suavizar la tensión, pero las palabras se me murieron en la garganta al ver la chispa de audacia en los ojos de la niña.
—Doce monedas de oro y mi helado de pistacho. Esa es mi oferta —sentenció ella, cruzándose de brazos.
—La mía es: nos vamos ahora y "consideraré" tu propuesta en el auto —replicó Alexander con voz autoritaria.
—¿Y quién es el e