El ala VIP del hospital estaba sumida en un silencio sepulcral, roto solo por los gritos amortiguados que provenían de la habitación 404. Roxana llegó con la respiración agitada, encontrándose con una escena que hizo que su sangre hirviera de nuevo.
Isolda Tenebris, la "diosa" que Ciro tanto anhelaba, estaba frente a la puerta, discutiendo con los guardias.
—¡Déjenme entrar! —chillaba Isolda, su rostro perfecto deformado por la ambición—. ¡Soy una Omega de linaje puro! Severo me necesita, ¡yo puedo ser su pareja! ¡No dejen que se muera por orgullo!
Roxana se acercó, su presencia emanando una autoridad que ella misma desconocía. Marzio, al verla, se inclinó profundamente, un gesto de respeto que dejó a Isolda muda de asombro.
—Señorita Bruma —dijo Marzio con alivio—. Gracias a los ancestros. El señor está perdiendo el control.
—¿Roxana? —Isolda soltó una carcajada burlona—. ¿Qué haces aquí, muerdealmohadas? Vuelve con Ciro, él es el que te tiene con correa. Este es territorio de hombre