—Celia, ¿te divierte enojarme?
César aplicó más fuerza en el agarre, causándole dolor en la muñeca. Pero eso también la hizo reaccionar.
—Señor Herrera, es tan presumido. ¿Enojarte? ¿Para qué me tomaría la molestia?
Él no respondió, solo la observaba con una calma impasible, como si quisiera descifrar cada uno de sus movimientos.
—¡Suéltame! ¡Me duele!
El dolor ya era casi insoportable y los ojos se le enrojecieron por el resentimiento. Instintivamente, César aflojó el agarre ante la expresión d