César permaneció inmóvil unos instantes antes de separar a Sira, sosteniéndola por los hombros.
—Estás lesionada. Deberías estar en reposo. —le dijo.
Sira se tensó ante el rechazo. Bajó la mirada y murmuró:
—Es que... estaba preocupada por Osqui...
—Tío César... —la voz temblorosa del niño rompió el ambiente incómodo. Óscar se había despertado, sus ojos reflejando un miedo profundo.
César se acercó a la cama y tomó su pequeña mano, consolándolo.
—No tengas miedo. Estoy aquí.
—¿Te quedarás conmig