Tras la ventana panorámica del dormitorio, César estaba sentado en el sofá con las piernas cruzadas, hojeando un libro. La luz del día entraba a través del cristal, proyectando una pequeña sombra al lado de su nariz alta y recta, y tiñendo sus largas pestañas con un suave resplandor.
Sus dedos, de nudillos marcados, sostenían el borde de la página mientras escuchaba la voz de Celia a través del celular, y no pudo evitar esbozar una breve sonrisa.
—¿Pidiendo un poco más cada vez?
—Tú tampoco te h