Celia rodó los ojos en blanco y luego le respondió:
"Tengo mala memoria. Lo hablamos mañana."
Un minuto después, él le envió un emoticono de carita triste.
—Señorita Rojas, ha llegado —dijo el mesero, interrumpiendo sus pensamientos.
Ella guardó su celular y abrió la puerta del reservado. Dentro, además de la señora Bustos, Olaya Donoso, había un hombre joven que le resultaba un poco familiar. Al mirar con más atención, la expresión de Celia se ensombreció: era el mismo hombre extraño que había