Celia, al borde del ahogo y afectada por el ligero mareo del alcohol, se sentía muy débil en el abrazo de César. Él rozó con suavidad su lóbulo con la punta de la nariz, y sus labios ardientes se posaron cerca de su cuello. Pero, ese beso no se posó en ella durante mucho tiempo. Al notar que ella intentaba quitarle la máscara, él tomó su mano y murmuró:
—¿Me besaste y ahora quieres quitarme la máscara?
Celia arrugó el entrecejo.
—César Herrera, deja de fingir.
—¿Cómo me llamaste?
—Dije César…
De