César tomó entre sus manos una bufanda roja de punto y la acarició con suavidad. Había dedicado más de tres meses en tejerla, periodo en el que había tirado ocho bufandas semiacabadas a la basura. Era un regalo que había preparado él mismo. Tal vez solo de esta manera podría mostrarle su sinceridad…
—Nunca celebré festividades con ella. Solo quiero pasar una Navidad a su lado. Cuando termine, regresaré al hospital —prometió César.
Al otro lado de la línea, Yael, con las manos en las caderas, se