En el pueblo pesquero de Villa Ribera, Beatriz se estaba maquillando frente al tocador cuando la puerta se abrió de golpe. Dos guardaespaldas entraron y se hicieron a un lado, dejando pasar a Mario, cuya expresión ya estaba completamente sombría. Ella dejó el lápiz labial y mostró una sonrisa como si nada hubiera pasado.
—Con esa cara... ¿malas noticias?
Mario se detuvo detrás de ella, apoyó las manos en el respaldo de la silla y se inclinó lentamente hacia ella, mirando su reflejo en el espejo.