Cuando se llevaron a Sira, ella ya no opuso resistencia. Pero su mirada hacia Celia estaba llena de rencor. Para alguien que siempre había tenido éxito como ella, le resultaba difícil aceptar esta derrota.
Celia retiró la mirada con serenidad mientras Izan se acercaba.
—No sabía que esa tesis fuera tuya. Lamento haber creído las palabras de Sira sin investigar a fondo. —Suspiró profundamente—. Si no fueras estudiante de Antonio, me encantaría llevarte conmigo a mi país.
Celia le respondió con un