Sí, ella odiaba a César. Lo odiaba por su despreciable deslealtad. No obstante, detestaba aún más a Celia, porque su existencia había arruinado todos sus planes. Si Celia no existiera, ella se habría convertido en la esposa de César y habría escapado del control de ese demonio frente a ella hacía mucho tiempo.
Sergio meció suavemente la copa en su mano, y al ver el intenso rencor en sus ojos, se rio.
—Ahora demuéstrame tu sinceridad.
Sira se tensó. Al instante, entendió su insinuación y palideci