La oscuridad repentina paralizó a Celia. Ella, empavonada con su vestido de gala, no tenía dónde guardar su móvil. Percibió que Nicolás aún estaba cerca, así que lo llamó:
—¿Doctor Gómez?
Nicolás encendió la linterna de su celular.
—Debe ser un fallo del fusible. Quédate aquí. Ya mismo voy a revisarlo.
Tanteando en la penumbra, ella se sentó en el sofá.
—Ok —le respondió.
Mientras permanecía en la sala, sus ojos se adaptaron gradualmente a la oscuridad. La tenue luz del jardín que se filtraba po