Rocío llevó a Óscar hasta Celia. Al ver que el niño se escondía detrás de ella, le sonrió.
—Óscar, hace tanto que no ves a la tía Celia, ¿no vas a saludarla?
—¡No quiero! —Óscar se encogió aún más, con una expresión de rechazo.
—Celia, no le guardes rencor —dijo Rocío, acariciándole la cabeza de Óscar—. César lo ha consentido mucho. Excepto por mí y los demás miembros de la familia Herrera, no hace caso a nadie más.
Su tono pretendía ser sincero, pero Celia captó la insinuación detrás de sus pal