Al día siguiente, Celia y Ana salieron juntas y, justo en ese momento, se encontraron con Nicolás.
—Buenos días, doctor Nicolás —saludó Ana.
Nicolás le respondió con un breve gesto de cabeza. Luego, su mirada pasó por encima de las dos y se posó en César, que estaba detrás de ellas, apoyado en el marco de la puerta.
—Buenos días, señor Gómez.
Nicolás guardó silencio y su expresión se volvió indiferente. Celia se dirigió directamente al ascensor, sin notar la tensión entre los dos hombres detrás