Durante el receso de la reunión, Celia fue al baño. Al verla levantarse, Sira la siguió. En los lavabos, cuando ella levantó la vista, vio a la mujer en el espejo.
—Me esperabas a propósito, ¿cierto? —preguntó Celia con calma.
Sira sacó su lápiz labial.
—Sí, ¿y qué? Después de todo lo ocurrido, ¿aún no entiendes la diferencia entre nosotras?
—¿Todo lo ocurrido? Tú fuiste la causante de todo, ¿no? —Sacudió las gotas de agua de sus manos, impasible—. Aún me debes dos vidas.
La expresión de Sira se