Por la noche, Alfredo citó a Nicolás en una taberna. Cuando Nicolás llegó, lo encontró solo en la barra bebiendo con amargura. Aunque siempre había sido sociable, tenía la cara sombría, ignorando a las bonitas que se le acercaban a conversar. Él pidió al tabernero un vaso de agua con limón. Apoyándose en la barra, lo miró.
—¿Qué te ocurrió? —preguntó en tono bromista.
Él llenó su copa de nuevo.
—Nada, solo me siento un poco irritado. Necesitaba hablar con alguien, pero nadie puede acompañarme.
G