—¡Tienes razón! Si yo tuviera su apariencia, ¡mi novio sería un dios griego!
Las enfermeras charlaban sin notar a la joven que pasaba. Paula, la hija del paciente, caminó hacia la habitación de su padre. Su hermano, Hugo, y su madre, Iris, acompañaban al enfermo, sin percatarse de su estado de ánimo.
Apoyada contra la pared con desánimo, abrió su galería llena de fotos de Nicolás en conferencias médicas. Se había esforzado mucho para ingresar a la facultad de medicina, solo para acercarse más a