En la capital, después de ser obligada a mudarse de Villa Serenidad, Sira tuvo que conformarse con un viejo apartamento más barato. En ese momento tan difícil de su vida, ella ni siquiera podía lograr hablar con Alfredo por llamada.
César se había enterado de todas sus artimañas, pero no le dio ningún castigo severo. Esto significaba que su identidad como "salvadora" había funcionado. Lo había conocido desde hacía diez años, sabía muy bien que él no era tan despiadado como pensaban los demás.
No