Celia parpadeó aturdida, luego volvió en sí. En su primer día de trabajo, ¿ya enfrentaba este tipo de problemas? Tomó aire antes de hablar.
—No sabía que esta oficina la pagó usted. Además, si quiere que me vaya, por favor, asígneme otra oficina.
El hombre se sentó, impasible.
—Ese es su problema.
Celia se rio de impotencia, también se sentó.
—Es mi primer día. No conozco las reglas de esta clínica. No sé a dónde ir, ¡y ahora solo puedo quedarme aquí! —No cedió.
Él alzó la mirada, estudiándola c