Capítulo LXXV
Pasaban los días y muy a pesar de Mercedes sentir cómo su mundo se desvanecía, era algo como si la impulsaba a continuar adelante, esa fuerza avasallante que nadie puede controlar, tal vez el valor de ser madre y tener que sacar a sus hijos adelante sola.
O tal vez era la rabia y el resentimiento de haber entregado tanto para que ahora viniera Carlos y le pagará como lo hizo. Eso era algo que ella no podía perdonar.
Jamás le había entregado tanto a un hombre como lo hizo con el