Capítulo LXXXI
Al día siguiente Eva, se levanta, le hace el desayuno a José y lo deja tapadito para cuando él se levante y sale a la casa de Mercedes, sentía la imperiosa necesidad de hablar con ella. No podía ser que sus nietos estuviesen pasando por esa situación.
Luego de un rato, llega a casa de Mercedes y esta sale para recibirla, abriendo la puerta, al entrar le dice.
– mamá ¿Cómo estás? Gracias por venir. Pero... Y donde está José?
– no Mercedes, él no vino ni vendrá por un buen tiempo.