—Sí, estoy satisfecho —la respuesta de Andrés fue contundente y directa.
—Entonces supongo que ya puedo irme —mientras pronunciaba estas palabras, Sonia se levantó dispuesta a marcharse, pero la voz de Andrés la detuvo.
—Sonia, no pensarás que por haber estado drogada puedes evadir la responsabilidad de lo que pasó anoche, ¿verdad?
¡Sus palabras la dejaron perpleja! Lentamente, se volvió para mirarlo.
En esos breves segundos, mil pensamientos cruzaron por su mente. ¿Qué precio quería que pagara?