Después de eso, Sonia perdió toda noción de dónde estaba. En su mundo solo existía Andrés; como si hubiera perdido toda independencia, se mantuvo aferrada a él durante todo el proceso, entregándose completamente a sus deseos.
El resultado de ese desenfreno sin límites se hizo evidente cuando despertó al día siguiente: sentía como si un auto hubiera pasado por encima de su cuerpo. Su garganta ardía de sequedad. Al menor movimiento, una punzada de dolor recorrió sus pantorrillas.
Dejó escapar un q