Sonia apretó los dientes, su voz quebrándose por completo. Había creído que ya se había desprendido de sus sentimientos por él, pero ahora se daba cuenta de que se había sobreestimado. Aunque los Fuentes podían hacer lo que quisieran sin afectarla, solo Andrés, con unas pocas palabras, seguía siendo capaz de convertirse en la hoja más afilada que atravesaba sus entrañas.
Andrés la miraba fijamente desde el otro lado.
Después de un momento, soltó una risa suave. —¿Te sientes ofendida? ¿Y qué hay