Andrés le agarró el mentón con la mano, su voz grave cargada de un evidente enojo —¿Te has enamorado de Leandro?
Sonia no respondió, pero sus labios se apretaron aún más.
Sus ojos seguían brillantes por las lágrimas, lo que los hacía parecer aún más luminosos y cautivadores.
Desde el reflejo, Andrés podía ver claramente su propio rostro y también podía ver claramente el odio en sus ojos.
—Lo odiaba.
Andrés, por supuesto, lo sabía.
Desde el momento en que decidió hacer esto, ya podía anticipar cu