—¿No tienes trabajo? ¿O crees que es muy poco? —preguntó Sonia sin expresión.
—Sí, sí, ya me voy —respondió Mario apresuradamente mientras recogía sus cosas para salir.
Sonia lo ignoró, manteniendo su rostro inexpresivo.
Pero cuando volvió a mirar la pantalla de su computadora, el contenido de los correos se volvió repentinamente caótico ante sus ojos, incapaz de entender una sola palabra.
Finalmente, se puso de pie.
Sin embargo, cuando llegó a la puerta, poco a poco se calmó y regresó a su escr