La voz de Andrés sonaba tranquila y seria.
Pero en ese momento, Sonia recordó la última vez en Calle América, cuando él pateaba a Santiago una y otra vez con esa misma expresión seria.
Solo ahora Sonia comprendía la locura oculta bajo esa mirada aparentemente serena.
No era una buena persona, nunca lo había sido.
Haría cualquier cosa para lograr sus objetivos... así era él realmente.
Pronto, el auto se detuvo en el estacionamiento del hotel.
Andrés la bajó del auto, cargándola.
—¡Su... suéltame!