A pesar de que Sonia no había bebido mucho esa noche, esa sensación de mareo le resultaba demasiado familiar. Más aún con el hecho de que estaban desalojando el salón privado en ese momento...
Sonia miró inmediatamente a Andrés, apretando los dientes:
—¿Cómo puedes usar tácticas tan bajas, Andrés?
Sus ojos se enrojecieron al instante, sus puños se cerraron, y todo su cuerpo temblaba de rabia e incredulidad.
Andrés frunció ligeramente el ceño, pero se recuperó rápidamente y respondió:
—No fui yo.